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El árbol de la arbequina (olea europea sativa) tiene su origen en la población de Arbeca (Lérida) donde llegó desde Tierra Santa por mediación de los templarios a finales de la Edad Media. Su cultivo se extiende en la actualidad en las provincias de Lérida y Tarragona con más de 50.000 hectáreas cultivadas.
Se trata de un árbol resistente al frío que se adapta a terrenos pobres y que supera los tres metros de altura. Con poca ramificación, su madera es de color gris verde fuerte.
Su hoja tiene forma acanalada con bordes no espesados, es de color verde ocre o gris verde amarillento.
La forma ovalada es casi asimétrica, con un peso de 0,20 a 0,40 grs y un rendimiento graso del 20% como mínimo.
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Su recolección se efectúa durante los meses de noviembre y diciembre, cuando las olivas se encuentran en el momento óptimo de maduración, siendo la labor más delicada del cultivo del olivar. El método ideal de recogida de la oliva arbequina es mediante la utilización de la rasqueta, ya que lo importante es no dañar la oliva y poder transportarla cuanto antes a la almazara para que no se deteriore.
El aceite de oliva obtenido de la variedad arbequina se asemeja al producido en otros países ribereños del mediterráneo, siendo una de sus características su color amarillo claro y ligeramente verdoso.
Gracias a la gran riqueza de variedades que se cultivan en las zonas donde crece, el aceite obtenido de la oliva arbequina, tiene un sabor almendrado muy dulce y fresco que aporta algún ligero rasgo amargo y picante muy agradable al paladar.
Con fragantes pinceladas de olor a manzana y frutas silvestres, su aroma suave y afrutado es inconfundible.
Debido a sus notables características organolépticas, el Aceite de Oliva Virgen Extra obtenido de la oliva arbequina, es apreciado a nivel mundial y especialmente recomendado para aderezo en crudo de ensaladas y verduras.
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