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Una vez la oliva entra en la almazara, se inicia el proceso de elaboración del Aceite de Oliva Virgen Extra, efectuando una limpieza y un lavado de los frutos para su posterior clasificación.

Una de las condiciones primordiales para la obtención de un buen aceite es molturar la aceituna en un máximo de 24 horas después de su recolección. En caso contrario, tendríamos el riesgo de que el fruto fermentase y se produjera una oxidación del aceite durante su almacenamiento.

Durante el proceso de molturación y por mediación de la trituración, se rompen los tejidos vegetales y se libera el aceite formando una pasta homogénea.

Seguidamente, para obtener el Aceite de Oliva Virgen Extra, la pasta se somete a una presión en frío para extraer el aceite y el agua vegetal.

El proceso de separar la parte sólida de la parte líquida se denomina decantación y, en Olis Solé, se efectúa mediante la utilización de la fuerza centrífuga.

 

Una vez realizada la decantación y el tamizado, la parte líquida se somete a la acción de las separadoras de plato. De esta manera, y con la incorporación de cierta cantidad de agua, se consigue la limpieza del aceite. El proceso se termina mediante la desaireación del aceite a través de pequeños decantadores y, según su calidad, se clasifica en recipientes para su posterior almacenamiento en depósitos de acero inoxidable.

Después de todo este laborioso proceso, Olis Solé, obtiene su Aceite de Oliva Virgen Extra, el cual, cumple todos los requisitos indispensables que se resumen en "aceite natural que no ha tenido relaciones químicas con otras sustancias y que conserva el sabor, los aromas y las vitaminas de la fruta".